Los enemigos del treinter

17360676006_21607fd24e_zTodas las personas nos encontramos con barreras en nuestra vida diaria. Podemos llamarlas barreras, enemigos, bloqueos o lo que queramos, pero lo cierto es que a todos nos surgen cosas que entorpecen el camino hacia nuestras metas.

Un treinter también tiene sus demonios particulares. ¿Quieres saber cuáles son?

  • La falta de tiempo: este es el más obvio. No es nada fácil hacer malabares con la familia, el trabajo y los estudios. La falta de tiempo es una de las cosas que puede hacer que abandones, o que ni siquiera te plantees empezar. La solución pasa por aprender a gestionar bien las múltiples obligaciones que tienes, aplicando principios de productividad , y a sacarle el máximo jugo al poco tiempo del que dispongas.
  • La falta de técnicas de estudio: estudiar no es sencillo, especialmente en la universidad. Los estudios superiores exigen un nivel de pensamiento y de abstracción que cuesta mantener. Así, aunque te organices bien, si no sabes cómo obtener el máximo rendimiento a la hora de sentarte a estudiar, puedes tener problemas. La solución es aprender técnicas que te ayuden a aprender más y mejor en menos tiempo. Por ejemplo, hay que estudiar de forma distinta en función del tipo de examen al que te enfrentas. Un examen tipo test requiere un buen aprendizaje asociativo, mientras que uno de desarrollo también requiere que tengas una buena redacción y capacidad de síntesis. Aprender qué técnicas usar en cada momento te ayudará a sacarle provecho a los ratos que tengas para estudiar.
  •  La ansiedad: este es un enemigo que nos acecha a todos, treinters o no, y depende más de características personales que de la situación. Puedes tener ansiedad por muchos motivos: inseguridad sobre tu capacidad para estudiar, falta de apoyo de tus familiares cercanos a la hora de estudiar una carrera, problemas personales que se agrandan con la nueva obligación de estudiar… pero lo más habitual es que se dé a causa de uno de los dos enemigos anteriores. En general nos ponemos ansiosos cuando percibimos que la situación nos exige un nivel de rendimiento que no sabemos si vamos a poder asumir. Cierto nivel de ansiedad es positivo: nos ayuda a estar alerta ante la tarea y nos inunda de hormonas que incrementan nuestra capacidad…al menos hasta cierto punto. A partir de cierto momento, si la ansiedad continúa incrementándose, ya no rendimos bien: nos bloqueamos y nuestra mente no puede realizar tareas complejas de razonamiento. La solución pasa por aprender a gestionar la falta de tiempo y las técnicas de estudio, por un lado, y por otro lado aprender técnicas de relajación que nos ayuden a serenar la mente y el cuerpo cuando se disparen.
  • El perfeccionismo: este es el más desconocido en el ámbito académico, pero tan real como los anteriores. A la presión externa por cumplir con todas las tareas se une el juez implacable que te machaca cuando no llegas a ciertos estándares de perfección (y que además, suelen ser imposibles). El juez interno del perfeccionista nunca está contento. Nunca es suficiente. Y cuando además de perfeccionista eres un treinter, tienes que hacer algo con ese juez, o de lo contrario tú solito te sabotearás. Superar el perfeccionismo es un aprendizaje que pasa por ponerte límites a la realización de las tareas, por un lado, y aprender a suavizar la sensación de incomodidad que da dejar las tareas como están cuando has llegado al límite impuesto.

Más adelante hablaré con detenimiento de todos ellos, pero de momento es importante que los tengas localizados y a la vista. No hay nada mejor para poner soluciones que prever las dificultades antes de que aparezcan.

¿Y tú? ¿Crees que hay algún enemigo más, además de estos?

Fotografía de Sharon Sinclair. Flickr.

Comentarios

  1. ¡cuánta verdad en tus palabras! Doy fe de que todos esos enemigos nos acechan cuando decidimos ponernos a estudiar e intentar compaginar la vida familiar y laboral con ello. Tal vez en mi caso particular añadiría algún enemigo más, como la culpa; ésta nos lleva a “tierras movedizas” donde es fácil caer en una batalla emocional difícil de librar.
    También haría otro comentario

    • No había pensado en la culpa como enemigo independiente… siempre me ha parecido que va de la mano con el perfeccionismo, son primas hermanas, jeje.
      De todos modos seguro que me he dejado algún que otro enemigo por ahí…estos son los más comunes, pero cada uno tenemos nuestros propios fantasmas. A ver si los recopilamos todos y pongo alguna entrada complementaria.
      ¡Un saludo!

      • Si, tienes toda la razón, va muy de la mano del perfeccionismo, al menos desde mi experiencia; aunque al margen de sentirme más o menos culpable por “dar o no dar la talla” en los estudios que esté realizando, también quería poner el acento en esa “culpa” que en ocasiones nos acecha especialmente a las que además de tener treinta y de ser estudiantes, somos madres; lo considero un enemigo importante, aunque reconozco que puede ser bastante particular y no generalizado en todas las mamis. Lo llamo enemigo porque muchas veces tenemos esa especie de “trampa” que nos susurra que el hecho de estudiar nos roba tiempo de estar con los nuestros, y por ello nos sentimos culpables. Creo que esto en ocasiones me hace tener una mala predisposición para estudiar y concentrarme. No sé, quizá pueda ayudarle a alguien más. Bueno, muchas gracias por tanto conocimiento que nos aportas Marta!

        Saludos!
        María

        • Sí, la culpa es una compañera de viaje muuuy habitual cuando somos mamás. Yo creo que está incrustada en nuestro inconsciente colectivo la idea de que si no renunciamos a nosotras en varios aspectos es que no somos buenas mamás. Pero, ¿sabes qué? Los niños necesitan mamis felices, no mamis sacrificadas. Si reservas un tiempo para hacer algo que te haga feliz (como estudiar, por ejemplo), les estás enseñando una lección valiosísima: que las personas tenemos derecho a hacer cosas que nos hagan felices. Y ellos asumirán que ellos también tienen ese derecho. ¡A mí me parece que es una enseñanza que no tiene precio!
          Un abrazote y ánimo con tus estudios.
          Marta

  2. Todo lo que he leído en tú blog me hace sentir identificada. Tengo 30, estoy casada y tengo un hijo de 3 años. Luego de quedarme sin empleo decidí hacer un bachillerato en trabajo social. Todos esos enemigos me han cruzaron por la mente al momento de evaluar si debía comenzar a estudiar pero tambien está el hecho de que es algo que siempre he querido hacer. Muy acertado lo de que los niños necesitan mamis felices y no mamis sacrificadas. Encantada con el blog, mucho éxito.

  3. Leo sus palabras y me animan a comenzar de nuevo. Ya está año (2017) cumplo 10 años de haberme grabado pero ahora a los 33 estoy pensando en hacer una segunda carrera, Psicología, pero me atacan todos los fantasmas internos, externos y enemigos. Cada vez que comento con familia y amigos siempre van a lo mismo: eres viejo, para que estudiar otra vez, Ya no sirves para la universidad, si empiezas te vas a arrepentir, más bien ocupase de hacer un master, no te veo yendo todos los días a la facultad, et, etc, etc. E infinidad de cosas más. por suerte (creo que es suerte) aún estoy soltero y sin hijos. por lo que pienso que puedo tener mucho tiempo para dedicar a una carrera.

    Lo que la gente no entiende es que no me siento identificado con mi actual carrera, si bien ejerzo y vivo de ella, no me complace, no me veo trabajando en esto en 10 años. La gente me pregunta “a que te dedicas?” y nunca se que responder. No me interesan los Master, prefiero hacer una nueva carrera. Sólo quería pasar por acá a comentarles un poco de lo mucho que pienso. Veré si puedo tener más entusiasmo para comenzar nuevamente.

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